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viernes, 26 de junio de 2020

XIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO



Aléjate de la tentación de la soledad, que puede bloquearte y quebrarte, para luego engancharte al móvil o a otros medios digitales, y acabar así atrapándote como en una cárcel. En la soledad hay un mecanismo, que suscitan, controlan y manejan los buitres del poder. Estos aprovechan su conocimiento de tu persona y de tus movimientos. para llevarte a consumir según su programación, y sin que te des cuenta. Te controlan y manejan tu psiquismo y tu cuerpo. Por lo que habrás de prestar toda tu atención a tu conciencia y a tu alma. Para que eso sea posible, aprende a silenciar, a orar, a discernir, y a usar la tecnología sin que se te convierta en una grave adicción. Y presta atención al uso que hacen tus hijos.

No te quedes solo en exceso con tu móvil. Por el contrario, colabora en preparar espacios de acogida, tanto a Dios, con la armonización de tu corazón, como a tus hermanos. Acógeles en tu hogar, en los espacios que habita tu comunidad o en tu vecindad. Con todos, con tu aportación y colaboración, has de crear espacios acogedores, llenos de sencillez, belleza, humildad y ternura. Proponte con tus hermanos de comunidad realizar actividades lúdicas, de voluntariado social, ecológicas o de encuentros variados, de modo que las personas vuelvan a la tierra, a la naturaleza, al silencio, a la comunicación, a la fiesta, a la alegría de la vida, a la relación, a la comida en común, a la fraternidad, al retiro, al respiro alegre, al compartir la fe, y lo hagan manteniéndose alejadas de los móviles y de los televisores. Recread la vida común. Preparad espacios de acogida. Es lo mejor que podemos hacer ante tanto individualismo y tanta vida subsumida, temerosa o bloqueada, pues somos carne de cañón de embusteros.

La primera lectura, te pone en la pista. Te alerta e invita a ponerte activo en favor del otro, de los otros, a preparar lugares de sanción y de nueva vida. Sigue esa pista en tu parroquia, en tu barrio. Vuelve a la alegría de la vida en común, al retiro sanador y reparador de la existencia. 2 Reyes 4: "Vamos a hacerle una pequeña alcoba de fábrica en la terraza y le pondremos en ella una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y cuando venga por casa, que se retire allí".

Cuenta, narra, prepara espacios de comunicación. En estos más de cien días, has vivido mucho sufrimiento en la soledad de la pandemia. Y ahora, con mascarilla, con distancia física, que no afectiva, y con responsabilidad para no contagiar ni contagiarte, necesitas sanar, con los ojos o con el alma, y mediante la escucha y la comunicación verbal o gesticular. Tú, como tus amigos y hermanos, necesitas contar a los otros lo que has vivido y penado, hasta que sanes, hasta que encuentres en ello un motivo de acción de gracias, y lo conviertas en un canto de luz y de compasión, como el del ruiseñor. Convierte en espacios, lugares y tiempos de sanación, de escucha, de comunicación, cada encuentro de amigos, de fe o de oración; cada funeral, confesión o eucaristía; cada tiempo de deporte o de voluntariado; cada tiempo de conversación con tu gente. Invierte horas en ello. No te cierres en ti mismo, o en la tecnología. Y eso mismo propícialo en tu oración silenciosa. Ella será tu primer espacio de comunicación y sanación. Pon a Dios como el primero al que escuchar y como tu primer escucha. No hay nada mejor para iniciar tu conversión, tu transformación positiva, o tu sanación. Junto a Él, convertirás tu vida en un canto sincero de acción de gracias por encontrar, en el sufrimiento propio y ajeno, el contacto con la entrañable misericordia de nuestro Dios. Salmo 88: "Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: "Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad".

Vida y muerte nos están rondando en todos los países de la tierra. Los mayores y los débiles, los pobres y los abandonados con las víctimas más vulnerables. Vida y muerte se nos convierten en profunda realidad de la que no podemos escapar. Y Pablo, en Romanos 6, nos abre al misterio de la nueva vida aportada por Cristo: "Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús". Muertos al pecado, muertos al pasado, y vivos para Él, y para el pueblo pobre o enfermo, en la comunión, en la convivencia renovada, en la comunicación de almas sufrientes, en la alegría de creer, en la salvación, en la salud que nos trae el Evangelio, en la liberación de todas las dependencias y adicciones, que son vienen a ser fruto de egos encerrados en sí mismos por ignorancia o por engaños.

Mateo 10, te presenta una salida sencilla, preciosa, concreta, al alcance de cualquier persona dolorida, rota o enganchada: "Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa". Estamos en tiempos de pequeños gestos, de pequeñas acciones, de pequeñas apuestas por la vida en común, por el voluntariado, por la vivencia directa y en vivo de la amistad recuperada, por los favores que nos podemos prestar, por la escucha que nos regalamos, por la compañía que nos hacemos, por el vaso de agua que nos ofrecemos, por la sonrisa acogedora, o los ojos que se nos salen de amor y de luz. Haz gestos pequeños de amor, pronuncia pocas y sentidas palabras de fe, y trabaja por una esperanza solidaria para todos.

Antonio García Rubio.