
En la mañana del 30 de octubre de 1961, un bombardero soviético Tu-95 despegó del campo de Olenya en la península de Kola, en el extremo norte de Rusia, para una misión que no tenía precedentes en la historia. En la década de los 50 la investigación nuclear soviética había avanzado en forma significativa. La Segunda Guerra Mundial había colocado a Estados Unidos y la Unión Soviética en el mismo campo, pero en la posguerra las relaciones congelaron. Y los soviéticos, en rivalidad contra la única superpotencia nuclear del mundo, sólo tenían una opción: ponerse al día, y rápido.