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sábado, 11 de marzo de 2017

Canto Gregoriano, MISSA DE ANGELIS, Schola Gregoriana Mediolanensis, Gio...


DOMINGO II DE CUARESMA. 2017.
PRIMER PUNTO DE ENCUENTRO.
La tarde del miércoles un encuentro con Pilar Navarro. Una mujer cristiana, laica, misionera, que cuida niños abandonados en Puerto Maldonado, Perú. Una mujer maravillosa. Dejó su abogacía, su familia y marchó a la Selva Peruana en defensa y auxilio de niños abandonados, víctimas de abusos y maltratos. Celebrábamos el día de la mujer trabajadora. Una entrega increíble. En una noche, Pilar oyó una VOZ que le pedía de salir de su tierra, Zaragoza, y de su gente, - familia, comunidad, amigos-, y marchar a la Selva amazónica en busca de la paz, el desarrollo y la seguridad de una infancia abandonada a su peor suerte. Una antorcha encendida.
En los pueblos del Creciente Fértil, la Historia de la Humanidad se estaba preparando para escuchar el susurro del Universo, el susurro de las arenas y las estrellas. Y en una noche madura para la misma, el hombre Abrán, el padre de los creyentes, se tropezó con el susurro destilado por los cielos, y se encontró en el punto exacto, en ese punto de encuentro entre el cielo y la tierra; y escuchó de forma determinante la primera VOZ: "En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: 'Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición." La primera gran antorcha de la historia de la salvación acaba de encenderse. Apenas un susurro, una llamada, una voz misteriosa del cielo, un hombre que cree lo que escucha en su corazón, una misión, una meta, y un pequeño pueblo que se pone en marcha. Comienza la historia de la salvación, se inicia con una gran bendición transversal, la que atravesará pueblos y culturas, y generará modos de ser y vivir en FE Y en COMUNIÓN. Generará antorchas en la noche.
SEGUNDO PUNTO DE ENCUENTRO.
Somalia se muere de sed. Comienzan a morir muchos hijos de Dios por la sed, por la carencia de agua potable, que obliga a desplazamientos masivos en busca de agua y que provoca graves enfermedades. El hambre, tras largos conflictos civiles, aprieta a las personas, desgaja las comunidades y provoca graves crisis alimentarias en Sudán del Sur, Somalia, Nigeria y Yemen. Cerca de 1,4 millones de niños están en riesgo inminente de morir por malnutrición severa. El ejército de Sudán del Sur está cerrando carreteras y desabasteciendo zonas enteras para que la comida no llegue, es decir, para provocar el hambre inducida, que es una manera muy efectiva de aplicar la limpieza étnica que desangra el país desde el año 2013. Y la guerra, desoladora, y provocada por el gran negocio de las armas, seca estos días, como uno más entre tantos horribles conflictos, las entrañas de los ciudadanos de Mosul.
Y, en medio de semejante dolor, saliendo de él, la susurrante presencia histórica de los hombres de bien que han escuchado el susurro de la VOZ. Los misioneros, los cooperantes, los que no dejan de soñar con un mundo de hombres y mujeres iguales. Como sugiere el Salmo 32: "Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre." Miles y miles de hombres en nuestras tradiciones religiosas han experimentado y experimentan el susurro humilde de la VOZ en sus corazones lastimados y heridos. Ellos han visto su renacer en ese punto de encuentro de Salvación entre Dios y el hombre, en el que se han sentido y sabido acompañados a pesar de las desgracias, los fracasos y las opresiones. Se llaman Rafa, Luis Miguel, Javier, Asun…; se llaman Romero, Luther King, Teresa de Calcuta, Kolbe, Juana de Arco, Hildegarda, Ignacio de Antioquía, Mandela, Gandhi, Vicente Ferrer, Teresa de Jesús. Y tantos otros de los nuestros, tantas mujeres admirables que se entregan cada día sin mirarse así mismas; tantos hombres comunes, pecadores, servidores de las causas más pobres y de los más grandes ideales y valores de la humanidad, que han descubierto en sus vidas servidoras y en salida, como Abraham, ese punto de encuentro entre la fuerza del susurro de Dios, la generosidad los hombres y el dolor de sus hermanos. Antorchas en la noche.
TERCER PUNTO DE ENCUENTRO.
Jesús.
Mateo 17: "Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. El Hijo, el Amado, atrae y manifiesta de modo definitivo la centralidad de la VOZ con resonancia plena para la Humanidad: "Una VOZ desde la nube decía: 'Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo." De nuevo, el susurro de Dios, la escucha y contemplación de su gloria y la nuestra; visto y oído en el centro mismo de la naturaleza viva, en lo alto de la frondosa montaña. Laudato sí. Alabado mi Señor. Y de nuevo, la misión: 2 Timoteo 1: "Toma parte en los duros trabajos del Evangelio."
Segundo domingo de Cuaresma. No estás solo en el camino de la conversión. No es este un camino individualista. Nada que ver con una espiritualidad escapista o meliflua. Escuchadlo. ¡Escucha la VOZ! Adéntrate en la espesura del bosque, de la montaña. No dudes en tomar, en medio de tus vacíos, de guerras desoladoras, del sufrimiento de tus hermanos, la distancia puntual y necesaria para la escucha y la contemplación. Encontrarás el punto afinado desde el que vivir, cercado de sufrimiento, pero anunciando la luz.
Tras el primer momento de inicio de la conversión del pasado domingo, te llega este segundo movimiento, con el que adentrarte en la espesura de la vida. Respira, déjate sorprender por la VOZ y la presencia. Identifícate con la VOZ, la Palabra del Hijo. Él es el guía elegido por el Padre. Él es la antorcha que luce tenue y eternamente. La llama de amor vivo que te purifica y te hace renacer. Llama que nace del fuego de amor. Silencia. Escucha. Mira. Retírate. Encuentra tu sitio en el Cuerpo que somos. Confía. Sólo el amor. Mantente en este punto de encuentro que es Él, sin apartarte de todos los destronados y oprimidos. Y crece y sirve desde Él. Decía el beato Carlos de Foucauld: “Mira a todo ser humano como un hermano querido, arroja lejos de ti todo espíritu militante”. Simplemente estate ahí, en la soledad compartida del dolor común, en medio de un mundo que se regala con banquetes de descartados, excluidos y muertos. Ahí, en la frondosidad y oscuridad de ese bosque humano, está Él, siempre Él y su Cuerpo, su Iglesia, Pedro y sus compañeros, anunciando que somos hijos de la luz y que seremos resucitados y transfigurados con Él y como Él. “Para, decía Foucauld, tomar contacto, hacerse amar, procurar estima, dar confianza, hacer amistad, roturar el terreno antes de sembrar”. Y en este susurro santo, y en esta misión valiente, hemos de mantenernos y desgastarnos cada día. Como antorchas encendidas en la noche.
Antonio García Rubio. Es párroco del Pilar en Madrid.
Facebook: Antonio García Rubio
Twitter: @curalix
Página Web: www.parroquiadelpilar.es
Twitter: @PNSPilar_Madrid
Facebook: Parroquia Nuestra Señora del Pilar Madrid

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