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sábado, 29 de abril de 2017

DOMINGO III DE PASCUA. 2017.

XI Festival Internazionale di Musica e Arte Sacra


LA TERAPIA DE LA AMISTAD PASCUAL
"¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?" El pasado domingo propuse la comunidad como el lugar central del encuentro con Jesús. Este domingo III de Pascua, propongo un nuevo territorio: La amistad. Ella favorece el crecimiento de la persona, y es el vehículo más eficaz para la vivencia y la trasmisión de la fe. ¿De qué conversas por el camino? ¿Tienes amigos con los que ahondar en lo secreto, en las preguntas sobre la existencia, en el misterio y en el ser de Cristo?
Algunos viven la comunicación y la amistad verdaderas en soledad, en un sordo silencio interior. Otros andan peleados con los que les acompañan. Para la comunicación se necesitan dos caminantes. Si se dan, ojalá que sea así: ¿De qué hablan? ¿Cuáles son los motivos y la enjundia de sus conversaciones? Es importante tener un compañero, un amigo, con el que compartir las grandes cuestiones, mientras vais de camino.
La soledad se orienta, como una escucha secreta, hacia uno mismo o hacia Dios. La compañía compartida en amistad lo hace hacia la pregunta, la investigación, la duda, la emoción, la transmisión de la fe; hacia el compartir, el soñar, vivir, escuchar, valorar, abrir puertas; hacia el crecimiento, el llorar, abrazar. La comunidad es el lugar de la eclosión del don de la amistad. Es el Cuerpo que se nos da y que conformamos a golpes de dolor y donación, espera y solidaridad. Es la plenitud del encuentro con el Resucitado, con la gran asamblea de hermanos.
El poder de los grupos y las sectas debate sobre el modo de liberar a los pueblos. Los amigos pueden dejarse imbuir por ese espíritu de poder: "Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel". Y ese espíritu acaba generando ansiedad, exaltación, dominio; y, al final, violencia y decepción. La pasión de Cristo es un icono de lo que puede hacer una secta. Y los dos amigos de Emaús son la expresión, tras la derrota, de la decepción de los que sueñan con el poder.
Sin embargo, existe algo que transforma, y da enfoque y orientación a todo; es don y gracia; es recuperación de la naturalidad, belleza, sencillez, alegría, humildad; es una bocanada de luz y frescura en la mañana de Pascua. Ese algo es el “Encuentro con Jesús”. Sin que te des cuenta, Él se mete en tu conversación, y va cambiando tu decepción. ¿En qué? En hormigueo que inquieta, en sal que sala, en luz que alumbra, en fermento que eleva el tono, en armonía que serena y pacífica, en determinación que renueva, libera y da alas de libertad. "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?"
El poder de la amistad une las almas y las vidas, las desgracias y las opresiones. Comienza uniendo lágrimas compartidas que fecundan la vida rota en esperanzas. La amistad es un regalo que no tiene fin, abre de par en par las puertas de lo bello, lo santo, lo bueno, lo noble. Y, ahí, aparece el Amigo inesperado, sorprendente, al que se le pide que se quede, que permanezca. "Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída".
¡Oh, profundo Misterio! Misterio que te abre los ojos y te alumbra. Misterio que hace, como la lluvia de primavera, fructificar la tierra. Y la hace vestir de gala y dar los frutos que os alimentan a ti y a los amigos. Y te da el toque de gracia del Amado, de su Misterio. Y abre los ojos de los discípulos: "Se les abrieron los ojos y lo reconocieron". ¡Oh, don de la amistad, lugar de encuentro, semillero de vidas dignas y sanadas!
"Pero él desapareció de su vista." Y se quedaron los dos amigos con el regusto del pan, del don y aliento del alma, de nuevos sueños; con la emoción desmedida de correr a los caminos y susurrar a los pobres y a los caminantes, sus amigos, la Buena Noticia. Y así comenzó a expandirse el don  hasta el presente; siempre a través de la amistad, del tú a tú, del susurro, la semilla de amor que trae el Viento: La Buena Nueva: ¡HA RESUCITADO! Esa es tu misión.
Recupera la amistad que rompe tu individualismo; que abre tu puerta a la fraternidad; que te da acceso al Cuerpo; que te es terapia que sana. La amistad que te abre al misterio de la fe; que te hace volar, que te levanta y libera. Y cuando desvelaron la amistad de Jesús, los dos de Emaús salieron corriendo, exaltados de amor y con una nueva conciencia; y "contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan."
Esta bella historia de amistad y transformación proviene de la presencia del Amigo que la fecunda. Y es sano que te preguntes: ¿De qué hablas con tu amigo por el camino?, ¿Cuál es vuestra conversación? ¿Cultivas amigos de hondura, de iluminadas y apasionantes conversaciones? Párate en seco. Recupera el gusto por los amigos. Propicia el don de la amistad. Es la puerta de entrada. Entra por la fe en el corazón de tus hermanos, de los que esperan el santo Evangelio en la exclusión, la fragmentación o la decepción. La Palabra te devuelve la vida y te pone en el camino de vuelta a la Casa del Padre.
Acabo con una pequeña historia: La madre Mariví, nueva abadesa del Real Monasterio Cisterciense de Santa María de la Caridad de Tulebras, a la que acompañamos en su bendición el pasado sábado, es una mujer llena de la ternura de Dios, una madre cálida y acogedora de cada fragilidad. Se casó joven. Murió su esposo. Tuvo una hija. También murió. Buscó en su vacío, y acabó encontrando a Cristo en su oración, en la comunidad y en la amistad; e indagó en el modo más auténtico para regalarle la vida a Jesús. Trabajó en la Amazonía durante cuatro sacrificados meses. Hizo experiencias monásticas. Ambas estados de vida, monástico y misionero, le atraían. En espíritu de amistad y de oración, desveló que el Espíritu le llevaba a Tulebras. Desde entonces, en ese Monasterio busca a Dios y sirve a sus hermanas. Aún hubo de dedicar años al cuidado de su madre anciana. Nunca pensó ser abadesa. Y ahora sus hermanas le han sorprendido con esta elección. La comunidad siempre sale ganando cuando decide, y lo hace como un aprendizaje de amor y de amistad. La comunidad les curte. Nos curte. Son miles las historias comunitarias y de amistad que se dan en la vida de la Iglesia.
Tú, hermano, aprovecha tus relaciones de amistad, y tu vida comunitaria, para crecer y crear comunidades y amistades auténticas y fraternas, de servicio y de alabanza.
Antonio García Rubio. Es párroco del Pilar en Madrid.

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