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viernes, 3 de agosto de 2018

DOMINGO XVIII TIEMPO ORDINARIO




Juan 6: "Entonces le dijeron: 'Señor, danos siempre de este pan.' Jesús les contestó: 'Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.'"

¿Qué pan comer? Hay personas con la cabeza y el corazón enfrentados. No saben a qué carta quedarse; se sienten inseguros. Las verdades teóricas no les dicen nada y más si se proclaman con exagerada solemnidad. Sus heridas y decepción por lo falso del ser humano no les dejan considerar la posibilidad de una verdad que no sea pronunciada desde la coherencia y autenticidad de quien la pronuncia. Les provoca desconfianza y dolor su incoherencia, y se muestran escépticos, cabreados o ausentes. Y no hay verdad, y menos si es religiosa, que les conmueva o impacte. Desprecian verdades impuestas. Y se genera individualismo, amarga soledad y entretenimiento superfluo por una información engañosa, que provoca ególatras, autosuficientes y mentes cerradas al diálogo humano, social o religioso. Así las cosas, ¿qué pan comer?, ¿qué pan ofrecer? muchos ya no quieren pan, no les gusta ni les interesa. Y menos nuestro venerado Pan Vivo, el Pan de la Vida.

Este drama, con el que hoy peregrina la Iglesia, es consecuencia de esa cerrazón y de nuestros pecados. El mundo nos somete a un examen diario, aunque al encontrar algún verdadero testigo, se para y se  pregunta. Desde ahí nos preguntamos hoy por el espíritu y los medios que empleamos para ser testigos de la presencia de Dios. Atención al apóstol Pablo. Efesios 4: "No andéis ya como los gentiles, que andan en la vaciedad de sus criterios. Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo... es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos seductores." Aquí se esconde una verdad que afecta al ser de la Iglesia. ¿De dónde viene la coherencia, autenticidad y verdad de la fe? ¿Nos dejamos acaso ganar por el mundo? ¿Te has dejado tú seducir por la vaciedad de sus criterios? ¿No será esa la causa de nuestra falta de atractivo para las gentes de hoy, que buscan una espiritualidad limpia, bondadosa y luminosa que les ayude a abandonar su acomodo destructor?

Estás llamado, amigo, a "renovarte en la mente y en el espíritu y a vestirte de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas". Pero, ¿qué es eso de renovarse?, ¿de qué se trata? Mira estos cinco puntos:

1. Renovarte es no acomodarte. Mira y contempla la vida de quienes viven por debajo del umbral de la pobreza. Y, mira y contempla a Jesús encarnado y crucificado.  La sola presencia de ambos te renovará la mente y el corazón. Y verás renacer la esperanza.

Encamínate por el ejercicio de la solidaridad y la fraternidad. 

2. Renovarte es volver a configurar tu mente. La mente, mentirosa, se acomoda a sus propias trampas. Engaña y te engaña. Por eso, es importante que aproveches unos días de silencio y oración. Haz unos pequeños Ejercicios Espirituales. Al menos un fin de semana. O pasa un par de días en un Monasterio o perdido por un parque. Renuévate. Abandona las artimañas.

Vuelve a configurar alma, vida, mente y corazón con Jesús.

3. Renovarte es revestir el corazón de un nuevo modo de ser y vivir. ¿Cómo puedes adquirir ese nuevo modo de ser y vivir? Primero, practica la meditación. Segundo, busca un acompañante espiritual que camine contigo y forma cuerpo con una pequeña comunidad cristiana. Tercero, hazte pobre o amigo de los pobres.

Lee, escucha y renuévate con la Palabra.

4. Renovarte es bañarte en el barro y el agua de la imagen que te dio forma. En Jesús y su cruz. Embárrate sin miedo con la humanidad herida. Eres uno más. Hazte uno con el pueblo.

Sé lo que eres: uno más en la cola de pobres y los pecadores.

5. Renovarte es aprender a ser justo y santo. Hay gente santa y justa. No aparece en los medios, ni tiene protagonismo. Vive entregada y sin reservas. Sin saberlo, nos cubre con una sombra de justicia y santidad verdaderas. Gente que viene de lo alto y se encarna en lo bajo, lo humilde y lo inútil. Gente 'imprescindible', que decía Berthold Brecht.

Amanece entre la santidad de la gente del piso de al lado, con el afán incombustible de servir a tus hermanos. 

Salmo 77: "El hombre comió pan de ángeles… y le hizo entrar por las santas fronteras".

Antonio García Rubio.

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