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sábado, 19 de junio de 2021

XII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO



ACÉRCATE AL MISTERIO. ¿Alguien cerró sus puertas al hombre? Su experiencia del mal. ¿Alguien puso coto a su genio, su agresividad, su violencia? El secreto poder del bien común, si se acepta y trabaja. ¿Alguien impulsó en él una fuerza capaz de enseñarle vivir en la adversidad? El Dios de la Vida y el amor. ¿Alguien le ha ordenado al hombre: “hasta aquí llegarás y de aquí no pasarás”? Sólo la muerte, aunque la enfermedad puede paralizarle o aconsejarle. Lo que dice el Libro de Job 38 sobre el Mar, ¿lo podemos decir hoy nosotros del hombre, y de su arrogancia? "¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: "Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas?" Dios es un Misterio profundo, pero no es menor misterio del hombre, y no logramos entenderlo, si se dispara y se cree dios.

APÁRTATE UN POCO DEL TRÁNSITO DEL CAMINO. Necesitamos la sinfonía con el Salmo 106: "Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar. Se alegraron de aquella bonanza, y él los condujo al ansiado puerto". El hombre, que, según Job, “está en la tierra cumpliendo un servicio", anhela, con el paso de sus días, transidos de afanes inútiles y de fatigas, llegar al ansiado puerto de la promesa escuchada en la Palabra, de la bonanza de una vida nueva y renovada, convertida en brisa, en serena calma, en silencio mudo alejado de palabras vanas o confusas, en mar descansado, bondadoso, transparente y enamorado de la belleza. ¿Qué esconde el hombre entre sus cajas destempladas, sus avaras ambiciones y sus trompetas de guerra? “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, para darle tanto poder?” ¿Quiénes somos cada uno de nosotros, y todos como pueblo, Señor, para ti? ¿Qué grandeza de hijos de Rey nos espera? ¿Cómo podemos llegar al ansiado puerto, sin cometer errores de busto, sin desviarnos, como tantas veces hacemos, del camino de la vida? Apártate un poco del camino transitado, pisoteado, encallecido, trillado. Aléjate de la aspereza de los sentimientos encontrados o enardecidos. Date una tregua, dásela también a tu hermano, a tu conocido, a tu adversario, a tu enemigo. Mantente contemplativo en medio de tu acción positiva en el mundo, en tu trabajo, en tu servicio, en tu ministerio, en tu entrega. Vuelve tu mirada hacia dentro y espera su respuesta, la del amor que todo lo inspira y embelesa. Confía. Refresca tu cabeza de agua fresca y bautismal. Vuelve al amor y a la amistad de Galilea, a Jesús con quien te uniste en un pacto eterno de juventud y de entrega misteriosa a lo bueno, lo santo, lo solidario y lo fraterno. Vuelve al santo Evangelio, llévalo en tu bolsillo, cómelo, compártelo con tus hermanos.

ACOGE TU SER DE NUEVA CRIATURA. Sabes bien que algo muy noble y auténtico te apremia por dentro, en tus orantes silencios, o al contemplar los desequilibrios de montaña rusa, de feria, en los que sobrevives y en los que malviven  los pobres, los hambrientos y los desheredados de la tierra, tus hermanos. Cuánto más limpia y trasparente se encuentre tu alma, más apremio sentirás. 2 Corintios 5: "Nos apremia el amor de Cristo... El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado". Lo que nos enseña Pablo no es para tocar trompetas, ni para darse importancia por la vocación y la misión recibidas en el bautismo. Es cuestión de responsabilidad y de austera determinación. Acoge tu ser de criatura nueva, y hazlo con la paz de Cristo. Aprende a discernir entre lo que es y lo que ya está pasado, es decir, lo que ya no es, ya no sirve. Acierta, en un silencio de renovada y renacida inocencia en tu conciencia, a vislumbrar en tu misterio, en el misterio del hombre, en el Misterio del Dios-Amor, lo nuevo que ya ha comenzado en ti y en tantos. La criatura nueva, el hombre, la mujer nueva, el Reino nuevo,  que está ya en ti, en nosotros, pero que aún espera su plenitud. Acepta esta tensión que es la vida, y que sabe de fe y de amor en su pobreza, en su simplicidad, y sin salir de ella, sin dejar de estar entre los pobres y los humildes.

ÉL DORMÍA. VUELVE AL EVANGELIO DE LA PAZ. Marcos 4: "Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago ¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?" Cuánta paz tienen los que te aman, Señor. Cuánta paz transpira el Cristo resucitado, y plácidamente dormido y descansado, como Hijo Amado, mientras las tensiones arrecian y se desatan los temores y las sombras entre los hombres individualistas, activistas, protagonistas, entre los insensibles, los carentes de fe, y de mirada más allá de su propio ombligo. Mira al futuro de la humanidad con paz, a pesar de todas las amenazas y de tantas y tan inconscientes fricciones... Ten paz. La que sólo Él te puede dar. Vuelve a leer el Evangelio en comunión con tus hermanos. Es la Fuente.

Antonio García Rubio.

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